
Vivo en una época en la que mi lengua está muerta, y solo puedo expresarme desde el corazón. Vivo en un escenario lleno de miedo y dudas, donde solo soy yo mismo cuando se cierra el telón. Vivo en una época en la que duermo con la ropa puesta esperando que pase el invierno.
Sueño con John Lennon y cantamos Help! en la azotea del edificio más emblemático de la ciudad. El viento arrastra hacia nosotros las hojas que deja el otoño, y vuelan juntas sin tocarse, como una bandada de pájaros. No cualquiera, no cualquiera. Terminamos la actuación, y paseamos entre luces de neón y los edificios se congelan a nuestro alrededor, y confundo el cielo con las estrellas reflejadas en la superficie de un estanque. John me mira y me dice que al final el amor que recibes es igual al que das, y no puedo reprimir unas lagrimas que van a caer sobre un ejemplar de “El Guardián Entre el Centeno” situado sobre una losa donde se puede leer “Imagine”. Es entonces cuando adquiero conciencia de mi mismo. Y no disfruto en absoluto de ese conocimiento.
Dicen que soñamos con lo que tememos o con lo que deseamos.
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